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Lunes, 30 de enero de 2012  |  NÚMERO 64 Acceda a nuestra hemeroteca
PUBLICACIONES CIENTÍFICAS
EL GRUPO ESPAÑOL DEL SUEÑO CONTRADICE INVESTIGACIONES ANTERIORES
Tener apnea de sueño no está asociado a hipertensión arterial en la población general
A pesar de ello, el 30 por ciento de pacientes con hipertensión tienen apnea del sueño y entre el 45 y el 68 por ciento de los sujetos con apnea del sueño tienen hipertensión

Redacción. Madrid
Un estudio longitudinal sobre apnea del sueño e hipertensión arterial pone en entredicho la asociación entre ambas patologías que sugerían muchos trabajos publicados hasta el momento. El estudio ha sido realizado por el Grupo Español de Sueño (GES), vinculado a la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), y publicado en American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine.

Esta investigación surgió a raíz de los resultados de numerosos estudios transversales que analizaban en un momento dado la situación y características de pacientes con apnea de sueño o hipertensión arterial. Ambas patologías tienen una alta prevalencia y, a menudo, aparecen de forma asociada en la población clínica independientemente de la edad o el peso de los pacientes. La apnea afecta a entre el 15 y el 24 por ciento de hombres de mediana edad y a entre el 9 y el 26 por ciento de las mujeres. Por su parte, se estima que el 26,4 por ciento de adultos tiene hipertensión arterial.

Joaquín Durán,
director del proyecto.

En los estudios realizados se ha visto, además, que alrededor del 30 por ciento de pacientes con hipertensión tiene apnea del sueño y entre el 45 y el 68 por ciento de los sujetos con apnea del sueño tienen hipertensión. Por eso, se ha deducido que podría existir una relación entre ambas dolencias y que la apnea de sueño puede ser causa de hipertensión arterial secundaria.

De hecho, varios estudios realizados por el GES y otros grupos en pacientes con sospecha de apnea del sueño, han demostrado que la apnea de sueño puede causar hipertensión arterial y que su tratamiento reduce las cifras de presión arterial. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se han realizado en pacientes con sospecha de apnea del sueño y son pocos los datos sobre población general y, a menudo, no concluyentes. Esta apreciación es importante porque un paciente que acude a una unidad de sueño es diferente de un sujeto que está en su domicilio y que forma parte de un estudio (población general), ya que los pacientes han acudido motivados por algo que no va bien.

En este sentido, es un hecho epidemiológico que cualquier estudio realizado en pacientes (generalmente enfermos) siempre arroja resultados más evidentes que cuando se llevan a cabo en la población general (generalmente sanos). Por lo tanto, “esta asociación no tiene que ser necesariamente de causalidad en la población general y ahí surge la necesidad de realizar un estudio más amplio en el tiempo y con una muestra de pacientes de tipo general”, explica Irene Cano Pumarega, miembro del GES y primera firmante del artículo.

El estudio longitudinal publicado ahora analiza un grupo importante de sujetos de la población general durante un periodo de siete años. Han participado 2.148 sujetos de entre 30 y 70 años, 1.050 hombres y 1.098 mujeres. Tras este tiempo, los investigadores identificaron una asociación significativa entre apnea del sueño e hipertensión arterial, pero esta significación desaparecía al controlar por variables de confusión como son la edad y la obesidad. Joaquín Duran, director del proyecto, resume los motivos de este resultado discrepante en que “se trata de población general y no de pacientes con apnea del sueño y con hipertensión, como ocurría en los estudios de tipo transversal, y que el tiempo trascurrido en el estudio, a pesar de ser amplio, podría ser insuficiente para evidenciar el efecto de la apnea del sueño sobre la hipertensión”.

De hecho, en las gráficas se observa una tendencia a demostrar esa asociación que podría aparecer con un seguimiento más prolongado. Además, la asociación existe en hombres para las formas más graves de hipertensión arterial. Por todo ello, los autores consideran importante realizar más estudios con grandes poblaciones y periodos largos de seguimiento para poder establecer con mayor precisión esta relación.

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